Wednesday, August 29, 2007

Gana Turquía, gana Europa

Tras leer el artículo de la señora Y. Shawki del pasado martes 24/7, me gustaría contraponer mi propia experiencia de la realidad de Turquía al hilo de la celebración de las elecciones generales del pasado 22/7.


En primer lugar, creo que es oportuno romper una
lanza a favor de la altura democrática demostrada por la sociedad turca. Frente a quienes auguraban un giro hacia las formas más duras de la tradición golpista (1960, 1971, 1980, 1997), fruto de la polarización social entre los sectores laico e islamista y el recrudecimiento de los enfrentamientos con el PKK, se ha demostrado que la sociedad turca ha apostado decididamente por la continuidad de las instituciones democráticas.

En segundo lugar considero que identificar, como hace la articulista, los resultados electorales del pasado 22/7 con un incremento en el sentimiento de rechazo hacia la Unión Europea aunque lícito, debe ser matizado.

Es lícito porque el creciente rechazo de la UE es una realidad palpable en Turquía. Tras las expectativas creadas al iniciarse el proceso de negociación para la adhesión a la UE, cada día más turcos ven con escepticismo el paulatino sometimiento al acervo comunitario, dada la ambigüedad manifiesta con que los líderes de la Unión abordan la posible adhesión de Turquía. Debe ser matizado, sin embargo, porque frente al compromiso europeísta del AKP (Partido Justicia y Desarrollo), los partidos que han articulado este creciente euro-escepticismo se hallan de nuevo en la oposición parlamentaria, en los grupos de carácter más nacionalista y rupturista: el CHP (Partido Republicano del Pueblo) y el MHP (Partido Nacionalista del Pueblo).

Por otra parte, pensar que tras las elecciones de 22/7 Turquía ha sucumbido a los embates del Islam, no es más que un pensamiento tópico. Turquía no ha sucumbido al Islam, sencillamente porque la sociedad turca ha sido eminentemente musulmana desde el día que se proclamó la República. Hoy en día el 99% de la población es musulmana, más, menos, o nada practicante. Pero de la misma manera que 75 años de kemalismo no consiguieron vaciar las mezquitas de Mardin, Konya o los barrios aluviales de Estambul, las victorias electorales del islamista AKP no han evitado que a las mezquitas de Ankara, Izmir o Antalya continúe sin acercarse ni el tato.

Y ante el miedo a ese “velo que se extiende como una plaga” no olvidemos que desde 1997 en Turquía está vetado el velo en las instituciones públicas, universidades incluidas, y que no han sido los partidos laicos sino el gobierno del AKP el que ha endurecido leyes y penas por delitos de violación, y el que se ha decidido a actuar, por fin, contra las redes que encubren los deplorables y mal-llamados “crímenes de honor”.


90 años después de que Atatürk diese vida a la República de Turquía, felicitémonos hoy porque sus instituciones democráticas, tantas veces apaleadas, sean por fin capaces de pervivir a los cambios sociales y políticos, y porque las diferencias que nos separan sean cada vez más pequeñas, frente a los valores que compartimos.

Turquía y la UE estamos destinados a cruzar nuestros caminos. Aportemos nuestro granito de arena para que nuestras sociedades abandonen poco a poco los tópicos, y con ellos los recelos que nos separan.


Publicado en La Voz de Galicia, Cartas al Director. 31/07/2007

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